Durante décadas, cuando tatuarse en Valladolid no era lo habitual, hubo alguien que decidió hacerlo posible.
Toño no solo abrió un estudio. Abrió un camino.
En una época sin referentes, sin redes sociales y sin facilidades, aprendió, experimentó y construyó con sus propias manos lo que hoy es parte de la cultura de la ciudad.
Tattoo Mantis fue el primero en Valladolid.
Y durante mucho tiempo, fue el único.
Por sus manos pasaron miles de personas, historias y momentos que quedaron para siempre en la piel.
Hoy se cierra una etapa.
Pero su legado permanece en cada tatuaje, en cada aprendiz, y en
cada persona que decidió confiar en él.
Gracias por todo, Toño.